Margarita I. Funes

Periodista

Le temo a la muerte

Marzo4

Esa muerte fue piadosa. Mas bien fue de libro.

Avisó que venían por ella, que se la llevaban. Y se fue.

A su madre se le fue el aliento y el color. Su hija oyó los murmullos propios de la nada. Su perro aulló. Yo no sentí nada, estaba acostada en un sillón esperando el final.

Le tengo miedo a la muerte. Confieso que nada de la parafernalia religiosa de la vida eterna me consuela cuando pienso en el momento. Hace años sufría hasta el cansancio al imaginarme a mi familia sin vida. Hoy, cada vez más sufro por mi misma.

Ella me ayudó a entender el momento.

Sencillo: Let it go, let it be.

Complejo: Soltar los lazos.

Soy fuego pero bien terrenal, me atan trivialidades a mi mundo, los afectos me han vuelto egoísta y no creo tener tiempo de hallar el verbo necesario para irme sin dejar dudas como se fue ella.

Hasta hace poco quería que mi epitafio dijera: A mi manera.

Pero hoy me lo estoy repensando. Hágase en mí tu voluntad, suena más acertado y quizás más cercano a la intención que uno debería tener al momento de irse, porque independientemente de en quién uno crea, en ese momento ya no hay más que hacer que entregarse, ponerse a disposición. E irse.

Si muero antes que mi madre, ella tendrá esa labor horrenda de escoger mi epitafio, ya lo sabe. Si muero después que ella, espero que alguien tome en cuenta mi deseo. A los muertos se les respeta no por lo que son sino por lo que fueron.

… A mi tía la toqué y estaba helada helada helada. No le tuve miedo, aún se sentían hilos de vida en aquel cuarto, como ralas telarañas que uno tiene que atravesar para llegar a su destino. La abracé y le pedí que pidiera por mí. Supongo adónde fue y a quién se lo iba a pedir.

Horas antes, había llamado uno a uno a sus cuatro hijos; la más pequeña alcanzó a llegar del aeropuerto y la vio sonrerír en su lecho de muerte. Se despidió de ellos. Mi turno llegó aunque no era su hija. Sacó su botecito de agua bendita y me hizo la señal de la cruz en la frente. Sonreía con gran esfuerzo, dócil.

En un momento que requiere palabras, con la oportunidad única de soltar la última frase que uno le dirá a alguien antes de morir, me ganó el silencio. Me quedé callada y la vi por última vez con vida. Si ella hubiera tenido la fuerza necesaria para hacerme descansar entre sus manos, habríamos representado fielmente La Piedad, de Miguel Ángel pero al revés: ella sosteniéndome en sus brazos, porque a mi me debilitó la muerte evidente.

La Piedad, del artista Miguel Ángel

La Piedad, del artista Miguel Ángel

Su frase de despedida para mi fue más bien un adelanto del milagro que llegaría a mi vida diez meses después…

Desde aquel sábado de cuaresma que se fue mi tía –hoy hace tres años- pienso en la muerte de otra manera, pero siempre con miedo y con mucha ansia de querer saber cómo será la mía.

No sé si podré despedirme de alguien o de nadie. No sé si tendré tiempo de repasar mi vida. Me quiero morir joven, sin tantos achaques ni tantas arrugas, los que se queden sabrán arreglárselas sin mi, pero la historia no me ayuda, las mujeres de mi familia son longevas.

Ojalá al menos tenga tiempo de decir hágase en mi tu voluntad y pueda morir a mi manera.

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1 Comentario para

“Le temo a la muerte”

  1. El 4 Marzo, 2010 a las 16:40 josterricardo Dijo:

    La muerte es algo tan doloroso en todos los aspectos el hecho de saber que alguien ya no esta y no estará jamas lo hace mas doloroso. Me gusto mucho como desarrollaste el post y manifestaste tu miedo excelente entrada.

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